miércoles, 18 de enero de 2012

MagaziLeNa facilita en exclusiva el relato "Soñando" de Leticia Machado Gundín, ganadora del II Concurso Literario H.P. Lovecraft




En algún lugar existía un pequeño sueño, del cual nadie sabía su procedencia ni quién lo había soñado. Era tan pequeño que lo único que podía pensar era No quiero desaparecer de esta manera... ¿Qué puedo hacer para que dejen de ignorarme y se fijen en mí? El pequeño sueño pensó y pensó; cada día intentaba encontrar una solución pero nunca lo lograba. Hasta que un día dio con aquello que tanto había ansiado encontrar:Si logro que las personas vivan dentro de mí, quizás podría hacerme más grande y poderoso. ¡Ellos construirán mi mundo deseado! Yo… ¡debo sobrevivir!
La historia de este pequeño y ambicioso sueño comienza con una mujer. Aquella mujer se llamaba Emma. Vivía desde hacía dos años con su pareja, la cual era muy agresiva y continuamente le maltrataba. Ella seguía con él porque sabía que, a pesar de todo, el hombre la quería con locura; nunca le pegaba a propósito, sólo lo hacía porque necesitaba descargarse fuera de su trabajo. Al menos eso quería pensar ella. Mientras reposaba en la cama, observaba el techo con tranquilidad, perdida en sus más profundos pensamientos. Sus ojos eran pequeños y muy redondos, de un color avellana muy suave y llamativo. Lo que más se apreciaba de su aspecto eran las grandes bolsas que tenía bajo los ojos. Lentamente se destapó dejando al aire su esquelético cuerpo cubierto con un pijama veraniego que le quedaba demasiado grande. Los moratones y cicatrices abundaban por su cuerpo, sobre todo por los brazos y piernas. Cerró los ojos intentando relajarse y se levantó de la cama con pesadez. Se dirigió al baño a lavarse la cara, alejando los oscuros pensamientos de su mente. Abrió el grifo y dejó correr  el agua durante un instante para que enfriase. Se agachó y, de un modo muy brusco, se mojó la cara para terminar de despejarse. Notó cómo la temperatura de la habitación descendía muy bruscamente y su delgado cuerpo comenzaba a temblar de forma ridícula. Cuando se disponía a salir del cuarto de baño, la puerta desapareció ante sus narices, dejándola completamente atónita. Toda la estancia había desaparecido y se encontraba en el vacío. Asustada, intentó buscar una forma de salir de allí y volver a su casa. Tus sueños se pueden hacer realidad, Emma“. La mujer se sobresaltó al escuchar aquella suave voz que salía de la nada. Ella se giró asustada y muy nerviosa, sin parar de temblar. No voy a hacerte nada malo. Yo te daré todo aquello que anhelas, te daré fortaleza y valor. Ahora, da un paso adelante Emma, aún asustada, obedeció y, de la nada, apareció una larga espada que se posó en sus manos con asombrosa delicadeza. Esto es para ti. Sé valiente”, se despidió la voz. Emma admiró la espada que acababa de recibir. Sorprendida, miró a su alrededor y se vio en un bosque. Caminó durante un rato, sintiendo cómo su valentía aumentaba. No temía perderse ni quedar herida; confiaba en sí misma como nunca había hecho. A cada paso que daba, aquel bosque se iba oscureciendo cada vez más, ya casi ni veía sus propias manos. Aferró con fuerza la espada que le había entregado aquella voz, pensando que no dudaría en utilizarla. Dio otro paso y escuchó cómo algo se movía a su espalda. Se giró y levantó la espada, observando la oscuridad. Percibió un movimiento que se acercaba muy deprisa a ella. Pensando que sería un animal salvaje, atacó con su espada y notó cómo se clavaba en algo blando, y un líquido caliente corría por el filo manchándole las manos. Las miró y pudo distinguir que aquel líquido caliente era sangre. Se acercó al cuerpo que acababa de derribar y, horrorizada, descubrió otro cuerpo humano muy pequeño, como de una niña. Acababa de asesinar a una niña que no pasaría de los siete años. Impresionada echó a correr por el oscuro bosque aún cargando con la espada, intentando huir de aquella horrible imagen. Corrió y corrió hasta que finalmente llegó a un gran claro donde pudo diferenciar formas de casas. Gritó pidiendo ayuda. Su voz sonaba asustada y temblorosa. ¡Qué ridículo! – pensó - ¿Por qué debería estar asustada? Iba a atacarme, la he matado con razón”. Oyó unos pasos y se giró esperando encontrase a la gente del pueblo. En su lugar, se encontró ante una horrible bestia de un tamaño descomunal que nunca había visto. Sus ojos eran rojos sangre, su boca era tan grande que podría comerse una persona de un bocado, y sus garras tan colosales que no le habría costado nada partir por la mitad a Emma. Sin pensárselo dos veces, clavó su espada en el pecho de la criatura que, para su sorpresa, no se movió del sitio. El monstruo cayó al suelo moribundo debido al mortal golpe en el corazón. Todo empezó a llenarse de seres similares y Emma acabó con todos ellos sin pestañear. Antes habría huido sin pensárselo dos veces, pero ahora, gracias a esa espada, se sentía valiente y fuerte. Sonriente observó los cadáveres que la rodeaban. Habría por lo menos quince. Cuando se disponía a entrar a la casa más cercana, observó que los cuerpos de los monstruos tomaban forma humana. Hombres yacían muertos en el suelo en un gran charco de sangre. Emma se miró las manos. Cargaba con una espada que tenía el filo bañado en sangre. Una carcajada surgió de su boca acompañada de una desequilibrada sonrisa. Aferró con más fuerza la espada y entró a la casa. Allí había una mujer aferrada a un niño tapando su cuerpo, intentando protegerle. Sin parar de reír, descargó su espada sobre ellos. Hizo esto con todas las casas donde se escondían las mujeres y niños del pueblo. Sin piedad, acabó con todos. Cuando hubo terminado, se detuvo en el centro del pueblo mientras seguía riéndose de forma insólita. Te he dado la oportunidad de vivir tu sueño y tú lo único que has hecho es destruir mi mundo. Tsk. Emma se sobresaltó al escuchar aquella voz, pero enseguida recuperó la compostura y miró al cielo sin dejar de reír.
-         ¡Lo hice! ¡Soy valiente y fuerte! ¡Tanto que he matado a mujeres, hombres y niños! ¡Nadie volverá a hacerme daño! ¡¡JAMÁS!!
En ese momento el bosque se lanzó contra ella. Los árboles, utilizando sus raíces y ramas la apresaron. Emma luchó por escaparse pero no pudo; los árboles eran más y mucho más fuertes. Taparon toda salida posible, encerrándola para siempre entre ellos. Una oscura y diminuta figura surgió del bosque. Se acercó a la cárcel de árboles y miró con indiferencia la mano bañada de sangre que asomaba entre las ramas y raíces. La espada reposaba en el suelo completamente limpia. La pequeña figura negó con la cabeza y con un movimiento de la mano hizo desaparecer la espada. Necesito otra persona con otro sueño. Esa persona podrá levantar mi mundo y hacerme más poderoso”.
* **

Roberto era un hombre triste y deprimido, ya que desde hacía años sufría fobia social. Le costaba mucho salir a la calle y relacionarse con la gente. Era lo que más deseaba, pero por mucho que lo intentase no conseguía hacerlo. De día y de noche soñaba con poder expresarse igual que lo hacía un poeta, hablar sin miedo, acabar con esos continuos temblores y esa excesiva sudoración cuando salía al exterior sin tener que esconderse de su familia y de aquella mujer que tanto quería. Vivía solo y así lo prefería. Su vida consistía en estar encerrado en casa observando el mundo a través de la ventana y manteniéndose con ayuda de sus padres. Tenía una hermana a la cual no veía desde hacía tres años - quién sabe si seguiría viva, si se habría casado o si sería tío -. Aquella noche se encontraba sentado en su sillón favorito observando la calle vacía iluminada únicamente por farolas. Su pelo castaño le caía por la cara molestándole continuamente y haciéndole bufar. Su atuendo estaba ya viejo. A pesar de que su madre solía enviarle ropa nueva cada mes, siempre se ponía los raídos vaqueros y la camiseta blanca. Cerró los ojos con tranquilidad y relajó su respiración. Tus sueños se pueden hacer realidad, Roberto“. Abrió los ojos asombrados y miró a su alrededor. El salón estaba completamente vacío y oscuro. Corrió a su cuarto y se metió en la cama, tapándose la cara con las mantas. Sé que no me hablarás, pero haré tu sueño realidad. Solo escúchame hablar. Cuando te levantes, recibirás algo que te ayudará con tu pequeño problema. Ya nos veremos, Roberto“. El joven apretó los ojos con fuerza esperando que la voz se fuese. Cuando no volvió a hablar los abrió y observó como unos delicados rayos de sol se colaban por la cortina. Sonrió para sí mismo Ha sido todo un sueño, está claro. ¡Si ya es de día!“. Se levantó y se dio cuenta de que seguía vestido; se rió y se calzó los playeros sin dejar de sonreír. Se acercó a la puerta de salida, cogió su chaqueta negra y salió a la calle. Decidió ir a pasear y, mientras caminaba, de sus labios salió una hermosa canción. Una muchacha  se detuvo y se acercó a él sonriendo.
-         ¡Qué bonita canción! ¿Puedes cantarla de nuevo y más alto?
-         Por supuesto – Para su sorpresa, comenzó a cantar en voz alta aquella canción que no sabía de dónde había salido. No sentía miedo.
La gente comenzó a detenerse y a aglomerarse alrededor del chico. Todos aplaudían y sonreían mientras le escuchaban como engatusados por su voz. Se sentía querido y feliz; nunca se había sentido así. Necesitaba que la gente le admirase y quisiese como estaban haciendo en ese momento. De una forma u otra, su sueño se había cumplido. Su voz alcanzaba notas insospechadas; cada vez más gente se acercaba a él, rodeándolo. Cuando se cansó, intentó escapar, pero la gente tiraba de él, le rompía la ropa y arrancaba el pelo al grito de ¡¡Sigue cantando!!”. Asustado, intentó escapar golpeando a la gente, pero no parecía surtir efecto, ya que seguían allí, tirando de él y haciéndole daño. Cada vez más asustado, se llevó la mano al bolsillo y notó un bulto. Abrió los ojos sorprendido y metió la mano en el bolsillo. De él sacó una brillante pistola que parecía nueva. Apuntó a la chica que había empezado todo y sin titubear disparó. La joven cayó al suelo muerta, manteniendo aún aquella macabra sonrisa en su rostro. Roberto comenzó a temblar al observar el cuerpo. Acaba de asesinar a una chica. Jamás se lo podría perdonar. Nadie parecía asustado; seguían acercándose a él y tirándole de la ropa repitiendo las mismas palabras de antes: ¡¡Sigue cantando!!“. El hombre levantó el arma al cielo dispuesto a disparar al aire, pero se detuvo. ¿Qué estoy haciendo? Me seguirán toda mi vida, no me dejarán en paz, estaré acosado... Yo… Yo no quiero vivir así“. Notó cómo su mente se quebraba; imágenes de muertos surgían en su cabeza, acosándole. Estaba viendo el futuro de todas aquellas personas. ¡¡No puedo hacerlo!! ¡¡No puedo matarles!!”. Miró el arma de forma extraña y lo bajó lentamente hacia su cabeza. ¡Detente!“, gritó la voz que le había hablado la noche anterior. ¡No lo hagas! ¡Te necesito aquí!“. Roberto notó cómo las lágrimas recorrían su rostro y miró al cielo. Un hombre acaba de morderle el brazo, pero él no lo notó. Apretó el gatillo, completamente enloquecido por aquellas imágenes. La sangre corrió por su cara, metiéndosele en los ojos que mantenía abiertos de par en par. Sus labios se tornaron formando una media sonrisa mientras caía al suelo muerto.
Otro más, ¿qué haré? Todos son demasiado débiles para alimentarme, sus sueños no son suficientes… Pero quizás… quizás necesite a alguien más joven. ¡Claro! ¿Por qué no lo pensé antes? Necesito a gente joven para mantenerme vivo
* * *
Elena nunca se sintió guapa, todo lo contrario. A pesar de que sus padres y su hermano insistían en que era muy bonita, ella no se veía para nada así. Su pelo negro era demasiado seco y carecía de volumen; le caía tristemente por la cara, tapándole la frente llena de diminutas espinillas. A pesar de que ya tenía diecinueve años, su cuerpo seguía pareciendo el de una niña de trece años. Era bajita y no muy desarrollada, su cara aún mantenía esa forma redondeada, y su cuerpo era rechoncho, casi sin curvas. Su único sueño era tener un bonito cuerpo con un pelo envidiable, como lo tenían sus compañeras y amigas del ciclo formativo. Estaba en plena clase cuando pidió permiso para salir al baño. Allí aprovechó para beber agua y para mirarse en el espejo, y así poder arreglarse aunque fuese un poco. Se sintió decepcionada al darse cuenta de que, a pesar de todas las cremas que se echaba, las espinillas no habían desaparecido sino que habían aumentado. Bufó y frunció el ceño enfadada. Maldita sea, por qué no podré tener una bonita y envidiable cara, con un cuerpo delgado y llamativo. Ningún chico se fijará en mí, nunca tendré novio. Exasperada puso las manos en la cadera y miró fijamente su reflejo, pensativa. Tus sueños se pueden hacer realidad, Elena“. La chica emitió un agudo chillido y miró sorprendida la puerta de entrada, pero allí no había nadie; se encontraba completamente sola en el baño. Ignorando la voz que había hablado, se colocó el pelo y se acercó a la puerta para salir del baño. Cuando posó la mano en el tirador, se dio cuenta de que estaba cerrada por fuera. Asustada, golpeó la puerta, pero nadie le hizo caso. ¡Lo que me faltaba!, pensó. Se sentó en el suelo apoyando la espalda en la puerta esperando a que alguien la liberase. Elena, yo te puedo dar lo que deseas, puedo ayudarte“. Bufó de nuevo y emitió un pequeño gruñido. ¡Genial! ¡Me he vuelto loca!“, pensó cabreada. No estás loca. Quieres ser hermosa, es tu mayor sueño, y yo lo sé. Te lo puedo dar, solo hazme caso y déjame hablar. Adelante, mírate en el espejo“. Elena, dubitativa, se levantó del suelo y se acercó con desconfianza al espejo. En cuanto se vio reflejada su boca se abrió formando una o perfecta. Su pelo era ahora de un color dorado fuerte y estaba lleno de bonitos tirabuzones. Su cara era suavemente redondeada y su piel parecía porcelana. Sus ojos eran verdes como las manzanas maduras y tenían unas largas pestañas negras muy llamativas. Esbozó una hermosa sonrisa con sus atractivos labios y dio una vuelta completa para observar su cuerpo que ahora era delgado, esbelto y muy bien desarrollado, con sus curvas y un pecho grande y bonito. Salió de allí, pero no al pasillo del instituto, si no a un pasillo adornado con mármol. Asombrada, vio cómo un hombre elegante se acercaba a ella y le hacía una leve reverencia.
-         Su Majestad, su trono está listo.
Elena se quedó sin habla. Ahora llevaba un elegante vestido muy elaborado con adornos que fácilmente podrían ser de oro. El vestido tenía mucho vuelo y era verde oscuro con tonalidades claras. Siguió al hombre y llegó a la sala del trono. Cuando se fijó en que todos los presentes tenían la vista puesta en ella, caminó hacia el trono y se sentó en él, sintiéndose sorprendida pero feliz. Los hombres que vestían harapos se acercaban a ella lentamente y le hacían una torpe reverencia. Todos la miraban con ojos deseosos. Elena esbozó una sonrisa de satisfacción y se levantó del trono levantando la cabeza con orgullo. Los hombres de la primera fila se acercaron y comenzaron a besarle los pies. Ella les dio una patada y comenzó a reírse. ¡Traedme joyas!“, gritó. Los siervos salieron corriendo a por cosas para su reina. Ella volvió a reír feliz y orgullosa de sí misma. Era hermosa y tenía un reino bajo su control con sirvientes que se morían por su cuerpo. ¡Qué más se podía pedir! Ese sería su mundo a partir de ahora. Sentada en su trono, reía a carcajadas y pegaba a sus sirvientes cuando no le traían lo que ella quería. Cuando se levantó a abofetear a una joven muchacha, se detuvo de golpe. Su mente se vio inundada de imágenes donde se veía a sí misma de vieja, como un cadáver, sin su belleza ni su trono: y dos figuras la miraban desde una puerta. Gritó de rabia y golpeó a la muchacha. ¡No puede ser! ¡No puedo envejecer por nada del mundo! ¡No permitiré el paso a nadie más a este lugar!“. Sonrió como si hubiese descubierto algo importante y volvió a acomodarse en su trono. No puedes hacer esto. Es mi mundo y yo lo controlo - le replicó la voz que le había hablado en el baño-. ¡Ahora es MI mundo! -gritó la muchacha.
* * *
-         ¡Tomás mira! ¡Tomás! ¡Mira qué bonito es esa rosaleda! – Gritó la niña muy emocionada - ¡Sus rosas son rojas como la sangre!
Sara cogió la mano de su hermano y tiró de él para enseñarle aquel bonito paisaje. Parecía haber sido una ciudad, pero ahora eran unas simples ruinas con una gran rosaleda que lo cubría todo con sus rosas. Antes habían pasado por un bosque oscuro donde había unos árboles con forma extraña; pero como era tan siniestro, habían salido de ahí en cuanto pudieron. Los dos mellizos habían llegado de repente; estaban en la cama y simplemente habían despertado allí. Sara parecía muy emocionada, pero su hermano Tomás no lo parecía tanto; andaba con precaución y miraba a su alrededor, como esperando un ataque. A pesar de que habían pasado por sitios llenos de tristeza y oscuridad, ellos se sentían tranquilos y felices. Después de seguir un camino de piedra llegaron a un gran castillo con una ciudadela a su alrededor. Todo estaba cerrado, no parecía que se pudiese entrar de ningún modo. Sara jugó con un mechón rubio de su pelo mientras miraba a su hermano. Él suspiró y se rascó la barbilla pensativo. Si ese lugar estaba cerrado era porque debía haber algo peligroso alrededor. Quizás deberían ir a pedir cobijo.  Tomás cogió la mano de su hermana y se acercaron a la puerta; cuando iban a golpearla se abrió de par en par y se les dejó pasar. Las calles estaban vacías. A lo lejos vieron un hombre acercarse con paso ligero a ellos. Cuando por fin llegó, observaron al hombre mayor, que vestía de forma muy elegante; no como ellos, que iban con sus pijamas de verano. Les entregó una carta y se alejó de ellos igual que había venido, con rapidez. Sara la abrió y leyó. Se les rogaba que fueran a palacio para tener una pequeña merienda con su majestad. Tomás observó la carta con desconfianza, pero como Sara parecía tan emocionada, ambos se acercaron al castillo que estaba en el centro de la ciudadela. Allí fueron muy bien recibidos. Una mujer de aspecto anciano les guió hasta la sala del té, pero en el camino Tomás escuchó una voz proveniente de una puerta entreabierta. Aprovechó el despiste de la mujer y se acercó a la puerta dejando a su hermana sola. Al abrirla, se encontró con un cuarto oscuro, donde había una figura en el medio. Se acercó a la figura y vio a una muchacha de aspecto joven con ojos desorbitados. Llevaba una corona en la cabeza que parecía quedarle demasiado pequeña. Ella se agarró a los pantalones de Tomás y comenzó a gimotear. Él, impasible, la miró. Esbozó una pequeña sonrisa y notó cómo algo se apoderaba de él. Cerca de la muchacha había una pequeña y afilada daga.  Se agachó y, sin dudar ni un segundo, le cortó el cuello a la reina. Los iba a matar. Algo le había avisado, una voz extraña en su mente. Golpeó a la muerta con el pie y se alejó tranquilamente de esa habitación. Cuando se dirigía a por su hermana, sintió de nuevo cómo su mente sufría una dolorosa lucha entre la conciencia y la locura que había en ese mundo. Se arrodilló en el suelo dolorido, notando cómo la paranoia se apoderaba de él. Cuando todo hubo terminado, se levantó con agilidad y fue a la sala del té.  Allí encontró a su hermana, a la cual agarró del brazo. Ella, asustada, miró a su hermano a los ojos: sus ojos estaban llenos de locura, dolor y sufrimiento. Sara ahogó un grito y notó cómo algo la apresaba. Su hermano la había agarrado de forma que no pudiera moverse y le había colocado la daga en el cuello. Con un rápido movimiento, él le cortó el cuello, acabando con la vida de su querida hermana. Sonrió y se sentó en el suelo, abrazando el cadáver de la joven. Una figura pequeña y negra apareció de la nada y observó a la pareja. Qué curioso. Unos niños que no tenían ningún sueño del cual aprovecharme. Han llegado aquí por curiosidad y han conseguido lo que los otros tres no consiguieron. Nunca habría imaginado que una mente pura pudiese hacer tanto. Y aún así, el hermano mayor se ha corrompido. ¡Jamás saldrán de aquí! Ahora ellos son mi alimento… La diminuta figura esbozó una sonrisa y desapareció de allí sin dejar rastro.
Tomás y Sara desaparecieron de su hogar y nunca fueron encontrados. El cuerpo de Emma fue hallado desangrado en un bosque cercano a su ciudad. Roberto fue localizado en su casa: se suicidó con su propia pistola. Elena fue descubierta en el baño de su instituto, después de haber sido asesinada con un corte limpio en el cuello y con una expresión de terror grabada en su cara.
Jack Skellington

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